Cacareo y opacidad
* Bienvenida BMW, ¿pero a qué costo?* Las pistas de las viudas
* Como desfile de salutación
EL ANUNCIO DE LA LLEGADA DE UNA INVERSIÓN COMO LA DE BMW a San Luis Potosí siempre será una buena noticia, pero no por ello se deben echar las campanas al vuelo, cual si se tratara de la solución a todos los problemas laborales y económicos del estado, sobre todo cuando se tiene el precedente de la llegada de la General Motors con los mismos bombos y platillos.
Comenzaba el 2007 con los anuncios de los grandes beneficios que llegarían junto con GM, entre los que se destacaba no sólo la presunta generación de dos mil 400 empleos directos, sino la de más de 50 mil empleos indirectos.
¿Cuántos potosinos pueden decir hoy que la llegada de GM les cambió la vida? ¿Qué señales hay en la vida cotidiana de los potosinos que les hagan sentir el cambio socio económico generalizado que provocó la planta automotriz en los últimos siete años?
Sus efectos más bien están circunscritos a sectores específicos, aunque los costos de su arribo, hasta donde se alcanzó a saber, involucraron una cifra cercana a los mil millones de pesos (70 millones de dólares) que, esos sí, fueron tomados del erario, con todo lo que ello haya implicado en la priorización de las necesidades sociales del momento que tuvieron que discriminarse.
La controversia de una inversión de esos niveles no está en si resulta benéfica o no su llegada, porque la bienvenida se da por descontada. Lo controvertido está en la forma en que se atrae la inversión, con un manejo discrecional de los recursos públicos que puede favorecer a grandes capitales extranjeros, aun con el sacrificio de la población local.
No sólo se trata del destino del erario, sino también de las condiciones que se exigen para la clase trabajadora local, que suele ofertarse como mano de obra calificada y barata, al grado de que se llegó a pedir a GM no ofrecer salarios decorosos porque el resto de los obreros tendría la tentación de exigir ingresos dignos. Otro tanto ocurre con las condiciones de trabajo.
Se merma la aplicación de recursos públicos y se renuncia a la defensa de la dignidad y los derechos laborales para los de casa, en favor de quien viene a abatir sus costos de producción. Y peor aún: a los de casa se les niega el derecho a conocer con claridad los compromisos que hay atrás de la atracción de una inversión que se presenta tan benéfica.
EL DÉFICIT DE INFORMACIÓN ES UNA CARACTERÍSTICA que han adoptado las inversiones como la de GM y ahora la de BMW. La sociedad, como presunta beneficiaria de la instalación de tales plantas, sólo tiene algunas referencias de lo que les costó, como contribuyentes, porque las autoridades prefieren mantener ocultos los compromisos que hicieron con las trasnacionales.
Pero como en toda competencia, la lucha por la promoción industrial también deja “viudas” en el camino que se convierten en fuente reveladora de los primeros indicios de los costos ocultos.
En 2007 fueron las autoridades de Coahuila las que revelaron que perdieron la instalación de GM en ese estado porque ofrecieron incentivos por 40 millones de dólares que no podían competir con los 70 millones de dólares ofrecidos por el gobierno potosino.
El gobierno de Marcelo de los Santos siempre evitó revelar sus compromisos, al grado de que prefirió descobijar información sobre GM.
Hoy que se anuncia a San Luis Potosí como el destino de BMW, tocó el papel de viuda al gobierno de Querétaro que, ante las demandas de apoyos por parte de la compañía alemana, según afirmación de Marcelo López, titular de la Secretaría de Desarrollo Sustentable (Sedesu), prefirieron desistir de su intento de llevar la planta a esa entidad.
“La empresa BMW solicita a los estados finalistas un monto cercano a los 3 mil millones de pesos en servicios, infraestructura carretera, capacitación de personal, incentivos y la donación de predios”, afirmó el funcionario queretano.
De un gobierno como el de Marcelo de los Santos, donde se gastaba lo que se tuviera que gastar, tales exigencias eran lo de menos. En un gobierno como el de Fernando Toranzo, en el que siempre hay insuficiencias para gastar, tendría que considerarse un reto mayor, sobre todo si la cifra es casi cuatro veces mayor que aquella.
Si con Marcelo de los Santos las exigencias de transparencia estuvieron justificadas por su característica de botarate, en el caso del régimen torancista, con sus permanentes lamentos de insuficiencia presupuestal, la exigencia se vuelve mayor en tanto que el sentido común indica que tales requerimientos implican necesariamente mayores sacrificios.
¿Cuánto, de dónde y para qué saldrán los recursos estatales para garantizar la instalación de BMW en la entidad? ¿Cuánto provendrá del gobierno federal? ¿Incurrirá el gobierno torancista, que se define como “una administración pública abierta y transparente”, en los mismos ocultamientos que su antecesor con el caso GM o marcará una diferencia?
EL CACAREO HA COMENZADO y no está exento de razón. Se trata de una inversión que supera el monto de lo que apenas hace dos semanas el gobierno estatal comenzó a presumir como lo invertido en obras y acciones en los últimos cuatro años y medio.
Sí, la instalación de BMW contempla una inversión de mil 300 millones de dólares (más de 16 mil millones de pesos) cuyo cacareo viene a palidecer la campaña triunfalistas de gastos en obras y acciones por más de 14 mil millones de pesos en cuatro años y medio en los que se contó con 140 mil millones de pesos como presupuesto estatal.
Ya la lista de funcionarios y políticos de los tres poderes, de partidos políticos, líderes sindicales y hasta empresarios congratulándose por la llegada de BMW aparece en los medios como desfile de salutación de los viejos informes de gobierno.
El cacareo de obras y acciones ha muerto… ¡viva el nuevo cacareo!, con tal entusiasmo y escándalo que, por favor, nadie recuerde que este gobierno se ha erigido como “una administración pública abierta y transparente”, ni se pregunte sobre la llegada de BMW ¿a cambio de qué?

