¿Peor imposible?
* Cero y van seis* Un Legislativo que abdica
* Beneficio de la duda, los déficits
CUANDO SE PIENSA QUE ALGO YA NO PUEDE SALIR PEOR los resultados suelen empeñarse en demostrar lo contrario. Si en cinco ocasiones los responsables de nombrar a uno de los integrantes de la Comisión Estatal de Garantía de Acceso a la Información Pública habían mostrado las formas en que no debe hacerse ese nombramiento, la esperanza era que esta vez se evitara, en lo posible, ese error.
Con María de la Luz Islas en 2008 y Alfonso Serment Gómez en 2010, quienes los nombraron atendieron a los intereses panistas de su momento. Tan fue así, que Islas no concluyó su periodo para irse a la campaña de Alejandro Zapata por la alcaldía, y como presidente de la CEGAIP Serment reconoció atender peticiones del mismo Zapata con un “a nadie se le niega un favor”.
El daño que a una institución como la CEGAIP le provocan los sesgos partidistas de personajes como Serment especialmente, puesto al servicio del poderoso en turno para mantenerse dentro del presupuesto público, está más que acreditado: la CEGAIP quedó convertida en el peor órgano garante del derecho de acceso a la información pública en el país.
El nombramiento de Gerardina Ortiz Macías, en 2009, quedó marcado por el más abierto tufo de nepotismo porque su principal cualidad que la llevó al cargo fue tener una hermana casada con el diputado Adolfo Micalco, líder de la bancada priísta. En la evaluación que entonces se hacía a los participantes era la peor calificada, pero aquello eran documentos de mero trámite.
A los intereses partidistas y familiares hasta entonces sobresalientes, en 2012 les sobresalió otro que, sin haber estado ausente, en esa ocasión destacó: desplazar a un funcionario a modo para contar con protección al momento de negar información.
Fue así que de la Secretaría de Finanzas salió Oscar Alejandro Mendoza García, quien aun como comisionado actuaba como subordinado del titular de esa dependencia.
El año pasado se estrenó una modalidad más en los requisitos informales (por no llamarlo tráfico de intereses, influencias y demás) para alcanzar el nombramiento: las influencias del padre de la seleccionada, en esa ocasión, fortalecidas a través de un tío con cercanía a las altas esferas del palacio de gobierno.
Probado lo dañino de todas esas rutas en contra de una institución cuya decadencia en sí misma representa un llamado para su rescate, se abría la esperanza de que los tomadores de la decisión en esta ocasión, por el más mínimo respeto a las instituciones, evitarían incurrir en todas esas faltas y pudieran considerar al menos peor de los 17 candidatos participantes.
LOS MILAGROS NO OCURREN, y si los resultados se empeñan en demostrar que siempre es posible que las cosas salgan peor, es porque las instituciones hace tiempo que dejaron de estar integradas por personas que las respeten y que se asuman como sus verdaderos representantes, con todo lo que ello implica.
Los milagros no ocurren y no se evitaron los errores del pasado. Se confirmaron con una ligera variante: se nombró a la hija del eterno compañero del gobernador.
Al Poder Legislativo, como uno de los integrantes de la trilogía de contrapesos en un régimen que se asume democrático, no se le puede negar institucionalmente esa razón de ser. Pero quienes hoy lo integran son incapaces de hacer respetar esa condición ante el Ejecutivo, a quien voluntariamente y a cambio de prebendas se someten.
La consulta que menos de 24 horas antes hicieron un grupo de diputados en el despacho del secretario de gobierno para saber a quién debían nombrar como integrante de la CEGAIP, sólo viene a confirmar y reafirmar lo que hace tiempo es sabido: no existen legisladores.
En lugar de verdaderos diputados, el Congreso del Estado está integrado por unos personajes incapaces de asumirse como tales, pero que, como monos de feria, están dispuestos ponerse el traje que les ordenen a cambio de sus bananas favoritas.
Si algo exhibió la decisión que, relacionada con el tema de transparencia, tomó el Congreso del Estado es que las instituciones están integradas por sus peores enemigos.
Someter una decisión del Poder Legislativo a una consulta con un funcionario del Ejecutivo podría no ser lesivo para la institución si quedara en el terreno de una opinión más. Pero que de esa consulta se obtenga una respuesta que constituye una instrucción que cumplen a pie juntillas, es eliminar a uno de los tres poderes.
Que se señale la sumisión de los diputados al Ejecutivo no es una agresión al Poder Legislativo, es un llamado a que se rescate la dignidad de una institución cuyos integrantes, en todo caso, hacia donde deben voltear para consultar sus decisiones es hacia el pueblo que representan y que es quien paga sus salarios. No porque el erario lo administre el Ejecutivo, él es su patrón.
Que ocurra ese sometimiento elimina al Poder Legislativo y con ello hace innecesarias convocatorias, postulaciones, entrevistas, planes de trabajo, evaluaciones y dictámenes para un nombramiento como el que se acaba de dar para la CEGAIP.
El más grave daño al Poder Legislativo, expuesto una vez más este jueves con el nombramiento para la CEGAIP, es que muestra que el Congreso del Estado bien podría dejar de existir y no pasaría nada, sólo se perdería a un organismo simulador que bien podría ser sustituido por una oficialía de partes dependiente del Ejecutivo.
CLAUDIA ELIZABETH ÁVALOS CEDILLO podría ser considerada la menos culpable de haber llegado a un cargo para el que no representaba el mejor perfil entre los aspirantes. Pero si bien no tiene la culpa el indio, tampoco está exento del respeto a las instituciones. No era la mejor opción, por lo que está más obligada a demostrar lo contrario.
Es la sexta persona a la que se le nombra comisionada de la CEGAIP en circunstancias que poco han atendido a la necesidad de garantizar de la mejor manera el derecho de acceso a la información pública. Tras ella hay cinco casos para quienes el beneficio de la duda nada representó y sólo confirmaron que poco había que esperar de ellos.
El beneficio de la duda que se le pudiera otorgar ya cuenta con el gran déficit de ser una imposición a contentillo del Ejecutivo, pero en su caso específico hay un déficit adicional: es su segunda participación en el proceso de selección y sus cartas de presentación dejan mucho que desear.
“Resulta innegable la actividad jurisdiccional que lleva a cabo la CEGAIP, en tanto que dentro de sus facultades están las de dar trámite y resolver los recursos que interpongan las personas que hubiesen solicitado información a las entidades públicas; así como el conocer y resolver las quejas que se interpongan en ejercicio de la acción de protección de datos personales”.
La expresión corresponde a la exposición de motivos que para ser comisionada presentó en 2013 Ávalos Cedillo. Si un problema que enfrentan quienes ejercen el derecho de acceso a la información pública es la excesiva judicialización de lo que debería ser un proceso lo más simplificado posible para resultar oportuno, la expectativa que ofrece la nueva comisionada corre en sentido contrario.
“Estimo imprescindible capacitar a los funcionarios involucrados en la resolución de los conflictos que con competencia de la CEGAIP, en asignaturas tales como redacción, argumentación jurídica y técnicas para la elaboración de resoluciones; asimismo, en cuestiones relativas a desarrollo organizacional y humano”, repitió ahora en su plan de trabajo.
El panorama que abre es de una mayor burocratización de un derecho cuya principal característica debe ser la oportunidad, que se traduce en que se atiendan de manera expedita los requerimientos de información.
Que el plan de trabajo que presentó para su segunda participación en el proceso de selección para llegar a la CEGAIP sea un refrito del que presentó hace un año es un indicador de la poca importancia que le da a mantenerse actualizada en el derecho que gestionara y cuya materia es de las más dinámicas y cambiantes: la información.
Son déficits con los que llega a asumir un cargo para el que la CEGAIP necesitaba un milagro y, ante la demostración de que siempre hay formas de hacer las cosas peor, sólo queda pensar que se tocó fondo, lo que resulta la perspectiva más optimista.
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