jueves, 19 de junio de 2014

Auditorías Públicas


* Los informes de la ASE que revisará el Congreso
* Fiscalización beatificante
* Los rebotes de la manipulación
* ¿Un grado más de cinismo?

POR PRIMERA VEZ en la historia de la fiscalización a la potosina, cuyos funcionarios públicos –según estudio del INEGI– se encuentran entre los más corruptos del país, los informes de auditoría a las Cuentas Públicas se hacen públicos, no por la autoridad fiscalizadora, sino a través de sitios Web ciudadanos, como Proyecto Tábano.

Se trata de un esfuerzo ciudadano por demostrar la importancia de que la información se haga pública, de tal manera que permita a la ciudadanía un mayor escrutinio de la actuación de sus servidores públicos, y que este año contó con el apoyo de personal de la Auditoría Superior del Estado que no cree en la injustificada reserva con que pretenden manejar esta información.

Es decir, no se trata de información sobre la que recaiga alguna reserva y por la que los empleados públicos que la proporcionaron incurran en falta, pues el artículo 54 de la Constitución Política del Estado es muy claro: “La Auditoría Superior del Estado deberá guardar reserva de sus actuaciones y observaciones, hasta que rinda los informes a que se refiere este artículo”.

Los informes que vía Proyecto Tábano y otros sitios Web hoy se hacen públicos fueron rendidos entre el 31 de mayo y el 15 de junio pasados, lo que significa que el límite de la reserva ya pasó. Que sean particulares, y no la autoridad, quienes difundan estos informes sólo es muestra de la poca voluntad de transparencia que ha caracterizado a los actuales gobernantes.

Es un esfuerzo ciudadano que suple un acto de rendición de cuentas que debería asumir la autoridad, como ocurre en otras partes del país, cuyo ejemplo más representativo son los informes que presenta al Congreso de la Unión la Auditoría Superior de la Federación (ASF).

A pesar de tratarse de voluminosos documentos, el mismo día que la ASF entrega los informes, en su sitio de internet es posible consultar la misma información que se puso en manos de los legisladores federales.

LOS FISCALIZADORES POTOSINOS, con José de Jesús Martínez Loredo a la cabeza, están muy lejos de “criticar y traer a juicio las acciones u obras” de las dependencias fiscalizadas. Su labor se acerca más a un proceso de canonizar y emitir los juicios más benevolentes, que los convierten en auténticos lavadores de las cuentas públicas… afines a los objetivos de quien los nombró.

De acuerdo a los informes que presentó Martínez Loredo el pasado domingo al Congreso del Estado, a los integrantes de los tres poderes se les tendría que abrir un proceso de santificación, pues en el caso del Legislativo y el Judicial no se les observó aplicación irregular de un solo peso, y en el caso del Ejecutivo, lo señalado se reduce al 0.054 por ciento.

Tal pulcritud en el manejo de los recursos públicos convierte al INEGI en el Instituto más mentiroso del universo al señalar que el 31.9 por ciento de los potosinos que tuvieron trato con sus autoridades se enfrentaron con un acto de corrupción.

Sí, de acuerdo al estudio del INEGI, si usted acude a una dependencia para hacer un trámite, tiene 31.9 por ciento de probabilidades de que entre al juego de la corrupción burocrática que pone en los primeros lugares de corrupción a los funcionarios potosinos.

Con esa referencia de un organismo igualmente oficial como el INEGI, ¿resulta creíble que la Auditoría Superior del Estado pueda afirmar que de los 34 mil 407 millones 83 mil 49 pesos que ejerció el gobernador Fernando Toranzo sólo se la hayan señalado con posibles irregularidades 18 millones 483 mil 504 pesos?

Martínez Loredo resultó mucho más eficiente para lavar la cuenta pública de Toranzo que su antecesor Héctor Mayorga Delgado, quien en la auditoría a la cuenta de 2012 sólo le hizo observaciones por 21 millones 370 mil 837 pesos, cuando se ejercieron 32 mil 585 millones 279 mil 988 pesos.

Si hace un año lo observado equivalía a que usted le diera mil pesos a su hijo para alguna compra, y al volver le informara que perdió 60 centavos en el camino, con Martínez Loredo el chamaco sólo habría perdido 54 centavos.

TAN EFICIENTE LIMPIEZA DE LAS CUENTAS de los tres poderes contrasta con un rigor parecido al que Mayorga Delgado aplicó hace un año a Victoria Labastida que en esta ocasión, de parte de Martínez Loredo, tuvo como blanco la cuenta de Mario García Valdez, con todo lo que eso puede significar en las aspiraciones del alcalde por la gubernatura.

De entrada, el contraste resulta más claro si se hace el siguiente ejercicio: Si Toranzo fuera presidente municipal, las irregularidades en la cuenta del ayuntamiento serían de un millón 414 mil 411 pesos; en tanto que si Mario García fuera gobernador, las irregularidades serían por 5 mil 103 millones 561 mil 735 pesos.

Con esa lógica, resulta obvio considerar que el significado de esas cifras, si vienen del instrumento de manipulación de la fiscalización cuyo control es claro que está en el Palacio de Gobierno, apunta a descalificar al alcalde como un buen aspirante a la gubernatura. Y de paso, los potosinos casi estarían obligados a expresar “¡qué gran gobernador tenemos!”.

PARA LOS 27 DIPUTADOS, que hoy sea posible conocer a detalle los informes de auditoría que ellos, como señala la Constitución, tendrán que revisar que “se realizaron apegados a las disposiciones legales aplicables” y emitir, “en su caso, las observaciones correspondientes”, su obligación constitucional adquiere otra dimensión.

Aprobar los informes de auditoría que presentó Martínez Loredo, con las características de un trabajo de blanqueo, además de manipulado a conveniencia de intereses ajenos a los criterios técnicos que se debieron aplicar, convertiría a los diputados en cómplices de esos actos.

No sería la primera vez que lo hacen, pero sí la primera ocasión en que esto ocurriría con la prueba de su convalidación del blanqueo de cuentas expuesta en los documentos que hoy se hacen públicos, no por la autoridad sino por un esfuerzo ciudadano.


Sería una convalidación más, aunque con un grado mayor de cinismo.

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